¿Quién teme al libro digital?

EDUARDO VAQUERIZO en Diagonal
Jueves 18 de junio de 2009. Número 104

La irrupción de Google en el mercado del libro digital es una respuesta a la otra gran empresa que tiene intención de entrar en el negocio del libro electrónico: Amazon. ¿Por qué esos dos gigantes inician un combate por un nicho de negocio que ni siquiera existe de forma relevante? La mejor respuesta a esa pregunta es que dentro de poco la mayoría de ustedes van a asistir a la maduración de uno de esos cambios culturales y tecnológicos que van a conformar la sociedad del futuro. Si consideraron una revolución el desarrollo de la tecnología del mp3, de los vídeos por internet o de las redes sociales esperen, a ver la que se nos viene encima. Hagamos un poco de historia.

El medio escrito ha sido el principal soporte de información ajena al cerebro humano durante toda la historia de la cultura. No hay nada que lo haya superado en eficacia, facilidad de producción y de uso. Tras muchos siglos en que la humanidad producía registros escritos exclusivamente a mano, el señor Gütemberg, allá por 1450, inventó o reinventó con permiso de los chinos el sistema industrial de producción de libros llamado imprenta. Eso condujo a una aceleración exponencial en la disponibilidad de la información, sacó a Europa del medievo y la arrojó a la modernidad. Hace ahora unos diez años aproximadamente, en los laboratorios de desarrollo de Xerox se planteó la invención de un sustituto del papel como mejor medio de acceso a la información escrita. La revolución de la informática ya había convertido en obsoletas las bibliotecas, pues ya la mayor parte de la información que dispone, crea y almacena la humanidad no se guarda en papel, sino en formato electrónico. Sin embargo, las pantallas de ordenador, con su brillo excesivo y su definición escasa, nunca fueron un sustituto adecuado de la experiencia lectora sobre papel. Empeñados en ello, crearon una tecnología de pantallas totalmente revolucionaria: matrices de minúsculas bolitas que son blancas por un lado y negras por el otro, se manipulan por medio de cargas eléctricas para que muestren su lado blanco o su lado negro, creando así un émulo del papel donde las letras y dibujos se forman con microscópicas gotitas de tinta.

El resultado tardó en evolucionar, pero hoy en día dicha tecnología, aunque aún le falta camino que recorrer, comienza a ser utilizable con comodidad y eficacia. Los libros electrónicos a la venta son dispositivos del tamaño de una libreta que pueden crear en su pantalla una página perfectamente legible y almacenar en su memoria informática cantidades ingentes de lecturas. Aún no son dispositivos óptimos, maravillosos y baratos, pero comienzan a compensar a lectores aficionados a la lectura y sin miedo a las nuevas tecnologías. La puerta está abierta y Google y Amazon parece que lo saben.

Dudas y ventajas
Como todas las revoluciones, la del libro electrónico va a tener muchos aspectos interrelacionados. El sustrato de la mera invención técnica arrastra siempre consecuencias sociales, económicas, culturales y hasta fenomenológicas. Modas, filias y fobias, cambios de paradigmas y adaptación a los nuevos tiempos. Por suerte tenemos múltiples ejemplos en el contexto de la actual revolución de la información para poder aprender de lo que ha sucedido en el pasado.

Un ejemplo de este cambio es que, en una entrevista publicada en El País, Bernhard Grill, uno de los inventores del formato mp3, decía: “La posibilidad de intercambiar música por Internet la vimos desde el principio y se la ofrecimos a la industria. Le dijimos: Tenemos una nueva técnica con la que se puede enviar música por redes de datos. La respuesta que nos dieron entonces hoy les debe de dar vergüenza: ‘Pero si nadie tiene internet en casa. Nunca será un mercado de masas, es demasiado incómodo. Los discos de compacto son mejor producto’. Entonces ya teníamos la forma de codificarlo que permitía la venta por internet, pero no supieron ver el potencial y nos mandaron a casa”, expuso Grill.

Cualquiera que sepa sumar dos y dos, y la gente de Google parece que sí sabe, se habrá dado cuenta de que la llegada de la técnica del libro electrónico va a cambiar otras tantas cosas. El negocio editorial va a sufrir un trastoque brutal. En cuanto las cifras de ventas y uso del libro electrónico comiencen a subir como la espuma –y parece que ya lo está haciendo–, cuando se termine de definir un estándar adecuado de fichero contenedor de los libros electrónicos, y a todo eso se le añada un sistema cómodo y eficaz de adquisición de libros a través de internet, las ventas de libros en papel irán disminuyendo en consonancia, como el CD, que muere lentamente y el DVD, que agoniza sin remedio. Ni hablar, claro, de la maravilla que será acceder a las obras libres de derechos, a libros descatalogados puestos de nuevo en circulación, a inmensas bibliotecas digitales llenas de tesoros clásicos como el proyecto Cervantes o en inglés, el proyecto Gütemberg, o a poder leer la información disponible en internet de modo cómodo.

Quizá el romanticismo, la costumbre o incluso la belleza del libro impreso impida que éste muera del todo, pero el grueso de la producción editorial migrará al formato electrónico en un plazo no demasiado largo.

Volviendo al inicio de este artículo, Google y Amazon parece que han aprendido de anteriores errores de la industria de la música y el cine. El paradigma cambia, las librerías deberán adaptarse, las distribuidoras físicas perderán importancia, los únicos actores que permanecerán fijos serán el escritor, el editor, el distribuidor electrónico y el lector. Lo que pretende Google es convertirse en ese distribuidor electrónico. Las estrategias de último cuño de las grandes editoriales y sus enormes pilas de best sellers, las que han llevado a un conocido editor a decir que la editorial ideal sería aquella que produjera millones de copias de un sólo libro, parece que son tan sólo el canto de cisne de un modo de comercializar la cultura que llega a su fin.

Prepárense, igual que sucedió con el móvil, con internet, con el mp3 y con el cine, la tecnología lo está cambiando todo. El futuro está a la vuelta de la esquina, y puede que así los exhaustos bosques encuentren un respiro.

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